Hilos que empiezan a notarse...
El auto avanzaba más lento de lo habitual.
No por el tráfico.
Si no por Dante.
El Maserati negro se deslizaba como una sombra por la carretera, pero esa mañana su conductor no tenía prisa por llegar a ningún lado. Tenía el teléfono en la mano izquierda, apoyado contra el volante de cuero, con la pantalla iluminada y esperando. El sol entraba por la ventanilla tintada, dibujando líneas de luz sobre su mandíbula tensa.
Dante no parpadeaba. Sus ojos estaban fijos en la carretera, pero su mente e