Valentina duda más de lo usual y Dante lo sabe.
Horas más tarde... La habitación estaba en silencio.
No era un silencio vacío, sino uno incómodo, denso, casi asfixiante. El tipo de silencio que se instala cuando las palabras que ambos quieren decir pesan más que el aire mismo.
A fuera, el viento de la noche movía suavemente las hojas de los árboles del jardín, pero dentro de aquellas cuatro paredes solo se escuchaba el latido acelerado de dos corazones que intentaban disimular su agitación.
Valentina permanecía de pie cerca de la ventana al