El día siguiente llegó como todos los días, sin cambios, si nada nuevo, o al menos… Sin los que Matteo esperaba.La casa seguía igual, demasiado ordenada, demasiado tranquila, como si nada pudiera romper la armonía fría de aquellos muros de piedra y mármol.Los jardines exteriores brillaban bajo el sol de la mañana italiana, las fuentes murmuraban con su ritmo constante y el aroma del café recién hecho flotaba desde la cocina hasta el comedor principal. Todo parecía perfecto, pero, Matteo sabía que las apariencias en esta casa eran solo eso, apariencias.Lo supo en cuanto vio a Dante bajar las escaleras.No había nada evidente, ninguna herida visible, ningún moretón, ningún gesto dramático fuera de lugar. Dante caminaba con la misma elegancia de siempre, la espalda recta, los hombros anchos bajo la camisa negra impecable. Sin embargo, algo estaba roto... Matteo lo notó en la forma en que sus pasos parecían más pesados, en cómo su mirada se perdía un segundo de más en el vacío antes d
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