Al día siguiente, Valentina despertó sola.
Otra vez...
Abrió los ojos lentamente, aún atrapada entre el cansancio pesado que se le pegaba a los párpados y los pensamientos que no la habían dejado descansar ni dormida. La habitación estaba en silencio. Las cortinas de lino claro apenas dejaban entrar una franja de luz dorada que se dibujaba sobre el suelo de madera.
Y el lado de la cama donde Dante había dormido… ya estaba vacío.
Valentina soltó un pequeño suspiro mientras se incorporaba len