El bolígrafo se siente pesado entre mis dedos, aunque es uno común, barato, de esos que regalan en cualquier oficina. Aun así, cuando escribo mi nombre en la última hoja del contrato, me tiemblan un poco las manos.Eva.Mi nombre, ahí, en un papel que no tiene nada que ver con cafés, ni camerinos, ni gritos. Un papel que dice que voy a ser la imagen de una campaña. Que alguien apostó por mí.—Listo —dice la mujer de la agencia, sonriendo—. Bienvenida.Levanto la vista y le devuelvo la sonrisa, aunque siento que el corazón se me quiere salir del pecho.—Gracias —respondo—. De verdad, gracias.Recojo mi copia del contrato y la guardo en la carpeta como si fuera algo sagrado. Camino hacia la salida todavía sin creerlo del todo. Afuera, el aire me golpea la cara y por un segundo cierro los ojos.Lo logré.Y todo gracias a él.Saco el teléfono casi sin pensarlo.Miro la pantalla.Nada.Ningún mensaje de Andrew.Mi sonrisa se apaga un poco, pero intento no darle demasiada importancia. Me di
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