AndrewSiempre pensé que la semana antes de mi boda iba a sentirse como un logro.Como si todo el camino, todas las decisiones, todas las expectativas de mi familia, por fin encajaran en algo claro: estabilidad. Futuro. Orden.Pero no.Se siente como estar atrapado en una habitación que se hace más pequeña cada día.Estoy sentado en la mesa del comedor de la casa de Hellen, con su madre frente a mí y la mía a mi derecha. Ambas hablan sin parar sobre flores, invitados, menús, detalles que se suponen importantes. Hellen está a mi lado, con una libreta en la mano, anotando todo con una sonrisa perfecta.Demasiado perfecta.—Entonces quedamos con las peonías blancas para la entrada —dice mi madre, entusiasmada—. Van a verse hermosas en las fotos.—Sí, me encantan —responde Hellen—. Son elegantes y clásicas.Asiento por reflejo, aunque no estoy escuchando.Mi mente está en otro lado.Eva…No sé exactamente cómo, pero lo sé. Siento en el cuerpo que ella va a estar ahí. Que va a aceptar esa
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