Andrew
Cuando lo digo, cuando por fin lo dejo salir, no pasa nada de inmediato.
No hay gritos. No hay escena. No hay un “¿qué?” dramático.
Solo veo cómo Eva se queda quieta.
Es un segundo mínimo, pero lo suficiente para notarlo: sus ojos cambian. Se cristalizan, como si la emoción le subiera de golpe y no tuviera dónde ponerla. Su boca se entreabre un poco, como si fuera a decir algo… y no lo hace.
Yo doy un paso hacia ella.
—Eva…
Ella no responde.
Solo se gira.
Y camina hacia la puerta con una