La mañana llegó con un silencio espeso, uno que parecía arrastrar consigo las últimas palabras de la noche anterior. La casa estaba fría, quieta, y una luz suave entraba por las cortinas entreabiertas, tiñendo el dormitorio con un tono gris cálido que hacía parecer que el día aún no había empezado del todo.Danna dormía profundamente, agotada por las lágrimas y el desgaste emocional. Su cabello estaba desordenado sobre la almohada, y sus pestañas se pegaban aún por los rastros de llanto seco.Mientras tanto, Tom estaba ya vestido, completamente listo, parado a un lado de la cama mirándola.Su expresión era difícil de descifrar: había suavidad en la línea de su boca, pero su mirada oscura seguía cargando algo inquietante, un residuo de todo lo que había ocurrido. Aun así, extendió una mano y retiró un mechón del rostro de Danna, acariciando su mejilla con una ternura calculada.Luego se inclinó y presionó un beso suave en la parte lateral de su cara, lo más delicado que había sido desd
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