CAPÍTULO 43 — El apellido que quema La noche pasó demasiado rápido para ellos, y la mañana llegó sin aviso. El día amaneció igual que cualquier otro, con la casa todavía quieta y el aire tibio colándose por las ventanas entreabiertas, como si la noche anterior no hubiera dejado cicatrices en sus cuerpos… cicatrices invisibles, marcadas por los besos que se dieron, por la entrega que compartieron, por ese amor que habían elegido vivir sin la luz de testigo… a oscuras. No hubo presagio, ni esa intuición que a veces advierte cuando algo está por hacerse añicos. Gabriel fue el primero en despertar. No porque hubiera dormido mal, sino porque el cuerpo reaccionó antes que la cabeza. Un sobresalto seco, una presión en el pecho, como si alguien lo hubiera llamado por su nombre desde muy lejos. Abrió los ojos y durante unos segundos no entendió dónde estaba. Luego sintió el peso tibio de Carolina contra su cuerpo, su respiración tranquila, confiada, y recordó. La noche que pasaron amándos
Leer más