Capítulo 50 — A oscuras también se decide
El quirófano estaba sumido en un silencio vacío. Carolina yacía sobre la camilla, con el cuerpo inmóvil y la mente todavía demasiado despierta, demasiado alerta para alguien que ya no podía ver.
No veía nada.
O veía apenas sombras que se movían como recuerdos mal enfocados, imágenes incompletas que se deshacían antes de terminar de formarse. La luz era un dolor lejano, una presencia hostil que ardía incluso detrás de los párpados cerrados, como si la