Capítulo — A oscuras
La casa estaba en silencio. Betina ya se había ido a dormir, y ellos, después de arreglar un poco la cocina, hicieron lo mismo. Se ducharon en silencio, sin apuro, como si ambos supieran que esa noche necesitaba otro ritmo. Carolina se puso un camisón lindo, delicado, uno que le gustaba mucho y que tenía guardado en la casa de su madre. Nunca lo había llevado a la casa de Mauro, nunca se había permitido sentirse así allí.
Lo sacó del placard, lo miró un instante y pensó, casi sorprendida:
—Me gusta…
Era blanco, con pequeños detalles rosados, puntillas finas que lo hacían delicado y femenino, nada exagerado. Se lo puso después de bañarse, se secó el cabello con cuidado, se peinó apenas y se pintó suavemente los labios. Quería verse linda para su esposo. Le gustaba la relación que tenía con Gabriel, se sentía bien con él, contenida, tranquila. Confiaba en él de una manera que no había conocido antes.
Gabriel hizo lo mismo. Se puso su pijama y entró al dormitorio