Capitulo —El miedo es un cobarde
Gabriel se quedó parado en el hall sin saber qué hacer, viendo a Carolina irse.
No fue valentía.
Fue incapacidad de moverse.
El ruido seguía alrededor, pero ya no le entraba en la cabeza. Las cámaras, los murmullos, los celulares levantados, todo eso se volvió un decorado grotesco, como si alguien hubiera bajado el volumen de la realidad justo cuando más necesitaba escuchar.
La había visto irse con la cabeza en alto.
Recta y toda digna. Pero él sabía que la había lastimado mucho con su silencio.
Perdóname, Caro, no quise hacerlo, pensó.
—Ortega… te podés ir por donde viniste.
La voz de Martín lo sacó de ese segundo suspendido.
Gabriel giró apenas la cabeza. Martín estaba ahí, con los brazos cruzados, la sonrisa torcida, el cuerpo inflado de una seguridad que no venía del poder sino de la crueldad.
—Acá ya no tenés nada que hacer —continuó—. Bastante daño hiciste.
Gabriel lo miró fijo.
No respondió de inmediato. Porque si abría la boca sin m