Capitulo —Maldita enfermedad
Las cámaras seguían grabando sin interrupciones.
Las voces seguían murmurando preguntas.
Pero Carolina ya no escuchaba nada más.
El sonido se le volvió lejano, como si estuviera bajo el agua. Las palabras llegaban deformadas, mezcladas con un zumbido constante que le latía detrás de los ojos. Sentía el corazón desbocado, golpeándole el pecho con una fuerza que no coincidía con su respiración.
Solo un apellido seguía claro, nítido, cruel.
Ortega.
Le golpeaba l