Capítulo — La casa no es un refugio
La televisión murmuraba sola en el living.
Betina no estaba mirando las imágenes, aunque las escuchaba. Las noticias hablaban rápido, con ese tono impersonal que no distingue entre tragedia y espectáculo. Nombres, apellidos, imágenes repetidas convertidas en palabras para ella.
Ella reconocía algunos sonidos. Pero no necesitaba ver para saber que algo estaba mal.
Entonces escuchó la puerta.
No fue un golpe ni un portazo. Fue peor. Fue ese sonido contenido de alguien que entra sin querer hacer ruido, como si temiera que el mundo la escuchara romperse. Betina sintió el perfume de su hija antes de verla. Ese perfume que conocía desde siempre. Después, los pasos.
Los pasos de Carolina.
No hacían ruido fuerte. Eran lentos, arrastrados, desacompasados. Pasos de alguien que camina porque no tiene otra opción.
—Caro… —dijo Betina, incorporándose apenas—. ¿Qué te pasa, hija?
Carolina no respondió de inmediato. Cerró la puerta con cuidado, ap