CAPÍTULO 41 — El apellido que quema
Miró el teléfono vibrar una y otra vez en el bolsillo del saco, sintiendo esa presión incómoda en el pecho que no era miedo, sino intuición. Su padre no insistía así porque sí. Algo había pasado. Sentía que algo estaba mal, seguro que algo se había filtrado. La prensa, seguro. Siempre ese mundo que él había decidido dejar atrás y que, sin embargo, nunca terminaba de soltarlo.
—Diablos —murmuró para sí—. Después vemos.
Salió del edificio junto a Carolina, at