CAPÍTULO — Lo que se niega… y lo que se usa La mañana empezó con una calma engañosa, de esas que parecen normales solo porque todavía no explotaron, como una superficie lisa que esconde una grieta. La cocina estaba llena de luz cuando Sandy se movía entre la cafetera y la mesada, descalza, con una remera larga que apenas le cubría los muslos, tarareando algo sin prestar atención real a la televisión encendida en el living. Mauro estaba sentado a la mesa, con un celular al lado del plato, la mirada perdida y la cabeza en otro lado, con esa rigidez corporal de quien ya decidió algo pero todavía no lo dijo. No estaba ahí. Y Sandy lo supo incluso antes de mirarlo,ella lo notó enseguida. —Buen día, mi amor —le dijo, acercándose por detrás, apoyándole el cuerpo con clara intención , deslizando las manos por su pecho—. ¿Dormiste bien? Mauro murmuró algo que no llegó a ser una respuesta, una vibración sin palabras que no prometía nada. Sandy frunció apenas el ceño, pero sonrió igual. Se
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