CAPÍTULO 33 — Lo que se niega… y lo que se usa La mañana empezó con calma engañosa, de esas que parecen normales solo porque todavía no explotaron. La cocina estaba llena de luz cuando Sandy se movía entre la cafetera y la mesada, descalza, con una remera larga que apenas le cubría los muslos, tarareando algo sin prestar atención real a la televisión encendida. Mauro estaba sentado a la mesa, con un celular al lado del plato, la mirada perdida y la cabeza en otro lado. No estaba ahí. Y Sandy lo supo incluso antes de mirarlo. —Buen día, mi amor —le dijo, acercándose por detrás, apoyándole el cuerpo con clara intención, deslizando las manos por su pecho provocándolo—. ¿Dormiste bien? Mauro murmuró algo que no llegó a ser una respuesta. Sandy frunció el ceño, pero sonrió igual. Se le sentó encima, sin pudor, rodeándole la cintura con las piernas, acercando la boca a su cuello, provocadora, insistente, como si el deseo todavía fuera un idioma que ambos compartieran. —Mau... Tengo g
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