Capítulo — La herida que no cierra
Gabriel se apoyó contra la pared, cerró los ojos un segundo y apretó los puños con fuerza,se contuvo para no golpear algo . El dolor físico sería mínimo comparado con lo que le resonaba en la cabeza.
Quiero el divorcio.
Necesito paz.
Con vos, ahora, no la tengo.
Eso era lo que más dolía.
Ya no le importaba el apellido.
Ni los titulares.
Ni siquiera el idiota de Martín.
Que Carolina lo hubiera expulsado de su vida con una claridad brutal, sin dejar mar