Capítulo 49 — La herida que no cierra
Gabriel se apoyó contra la pared, apretando los puños hasta que los nudillos le dolieron. Se contuvo para no golpear algo. El dolor físico sería mínimo comparado con lo que le resonaba en la cabeza.
Cerró los ojos y seguía escuchando a Caro...
—Quiero el divorcio.
—Necesito paz. Con vos, ahora, no la tengo.
Eso era lo que dolía. Ni el escándalo. Ni los periodistas. Si no haberla destruido por no hablar a tiempo.
Ya no le importaban sus padres. Ni su ap