El tiempo se volvió eterno, pesado y absolutamente asfixiante.Acorralada contra la pared, Iris dejó de respirar. La proximidad era una colisión violenta de dos mundos. El calor febril de su piel contrastaba con la imponente anatomía del Alpha del norte, que no se veía menos implacable ahora que estaba del todo vestido.En esa distancia inexistente, el instinto dormido de la loba de Iris reaccionó con una fuerza traicionera. Su aroma a dulce jazmín se adueñó del aire. Intenso, espeso y desesperado, envolviéndolos a ambos en una red invisible que no podía controlar.Los ojos azul oscuro de Evander, siempre tan inescrutables, sufrieron un cambio casi imperceptible. Una fisura diminuta en su máscara de hielo. La pupila se dilató apenas una fracción, tragándose el color, revelando un hambre que lo descolocó.El Alpha apretó la mandíbula. Un gruñido vibró en lo más profundo de su pecho, un sonido ronco y cargado de puro malestar.La soltó con brusquedad, dando un paso hacia atrás como si e
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