Sofía se encerró en su habitación y no salió hasta el amanecer, tirada en la cama llorando, sollozando en voz baja, nuevamente sucedía aquello, nuevamente vivía la misma situación, pero se juró, ya no más, nunca más caerá, ella planificará, mientras las lágrimas se le secan, mientras tiene sueños tumultuosos, mientras duerme... planifica. El plan era simple: una maleta pequeña, la misma que se llevó a Chicago con la misma misión, dinero escondido y un poco más por sí acaso, por si las cosas se complican, ropa oscura y suelta, camiseta holgada, pantalones de chándal, zapatillas bajas. Saldría a las cinco de la mañana, cuando los guardas cambien turno y Dimitri no esté sino en su habitación. Nadie la detendría. A las 4:58 abrió la puerta de su habitación sin ruido. El pasillo estaba vacío, se aseguró mirando de un lado al otro, Irina y Olga estarían en estos momentos en la cocina, muy ocupadas para darse cuenta de su escapada. Bajó las escaleras descalza,
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