El jet ya había tomado altura, estable, firme en el aire, dejando atrás la cabaña, el bosque, la nieve… pero no el peso de todo lo que había pasado. Dentro, el ambiente era una mezcla extraña de cansancio, alivio contenido y una tensión que todavía no se iba del todo, como si todos supieran que aquello no había terminado, solo había cambiado de escenario. Elena lo sentía más que nadie, desde antes de haberse montado en el jet. Al principio fue leve. Un tirón bajo, profundo, como una advertencia suave que su cuerpo le lanzaba con cuidado, como diciendo “oye… aquí estoy”. Pero con los minutos… dejó de ser suave. Se volvió insistente, más incómodo, real, y algo que la mantiene despierta todo el tiempo. Mantuvo la sonrisa lo mejor que pudo mientras hablaba con Sofía, asentía, respondía con pequeñas frases, intentando no delatarse, pero por dentro… estaba contando segundos. Cada respiración la medía. Cada movimiento lo calculaba, intentaba parecer serena, convincente. —¿Te sien
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