La mansión Kuzmin estaba sumida en un silencio espeso esa noche. Elena dormía arriba, con la luz del pasillo apagada y la mano instintivamente sobre la barriga, como si incluso en sueños quisiera proteger al bebé. Misha roncaba suave en su habitación, abrazado al dibujo del dragón doble que Alexei le había regalado. Carl, sin embargo, no había podido cerrar los ojos, esperando con mucho miedo la respuesta de Viktor. Y ahí lo sintió, el tono de llamada en su teléfono, él contestó de inmediato. —Viktor... Carl habló bajo, casi susurrando, aunque estaba solo, su voz aún temblaba. —Son las dos y media. Me acaban de dejar una cabeza de paloma en el ventanal del despacho, como ya viste en la foto... j*der... qué hago? Hubo un silencio al otro lado. Luego la voz de Viktor, fría como acero pero algo alarmante. —¿Estás solo? —Sí. Elena y Misha duermen arriba. Nadie entró. Solo la tiraron desde afuera. —Maldita sea…— se le sale a Viktor volviendo a ver la foto en su teléf
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