Nikolai no colgó de inmediato. Se quedó con el teléfono pegado al oído unos segundos más, como si la información pudiera cambiar si la escuchaba otra vez. No lo hizo, el vacío que se le abrió en el pecho fue inmediato y helado, una sensación conocida, pero nunca menos brutal. Esa que anunciaba que la sangre estaba a punto de correr. —Reúnan a todos —ordenó al fin, ya en movimiento—. Ahora. Su voz no tembló, no lo hacía desde hacía años, pero por dentro, algo crujía. La música de la fiesta seguía sonando detrás de él, una melodía absurda y fuera de lugar. Copas tintineando, risas forzadas, gente que aún no sabía que el mundo estaba a punto de incendiarse. Damir fue el primero en aparecer, serio, alerta, con el arma ya visible bajo la chaqueta. No preguntó nada, no lo necesitaba. Mikhail llegó segundos después, ajustándose el cargador con movimientos automáticos, la mandíbula apretada. Vladimir avanzó más despacio, apoyado en su bastón, pero con los ojos más despiertos que nunca,
Ler mais