No hubo anuncio formal, ni nombre pronunciado en voz alta. No hizo falta, el sonido de aquellos zapatos cruzando el mármol del salón principal tenía un peso propio, una cadencia segura, calculada, como si el lugar ya le perteneciera. Cada pisada resonó con una autoridad incómoda, una presencia que se imponía incluso antes de ser vista.
Viktor Kazán apareció en el umbral. Alto, impecable, con un abrigo oscuro perfectamente colocado y una expresión serena que no coincidía con el caos que su ape