Un mes pasó.
No fue un mes tranquilo, pero sí uno estable y para los Volkov, eso ya era un lujo que se pagaba caro en otros tiempos.
Las rutinas regresaron con una naturalidad casi sospechosa, como si la calma fuera una máscara frágil que todos aceptaban usar sin hacer demasiadas preguntas. Reuniones al amanecer, entrenamientos al atardecer, informes constantes que ya no hablaban de amenazas inminentes, sino de ajustes, pérdidas menores, movimientos extraños que todavía no eran guerra, pero tam