Había pasado un mes desde que Chely fue rescatada. Un mes que no había sido fácil, pero tampoco la había roto.
Las heridas físicas habían sanado casi por completo. Los hematomas profundos se habían ido diluyendo hasta convertirse en sombras pálidas sobre la piel, marcas que no pedían compasión ni explicaciones. Las cicatrices más visibles las llevaba con naturalidad, sin maquillaje ni excusas, como si fueran medallas silenciosas de una guerra que no todos habían sobrevivido. Las internas… esas