El club L'Eclisse no era un lugar para la gente común. Escondido tras la fachada de una antigua imprenta en el distrito histórico, su interior era un santuario de mármol veteado, terciopelo púrpura y un silencio que solo el dinero extremo podía comprar.Selene bajó del vehículo blindado sintiendo el frío de la noche lamiendo sus tobillos, pero su postura permaneció impasible. Sabía que cada par de ojos ocultos tras las rejillas de ventilación y las cámaras de seguridad estaba evaluando su valor, no como mujer, sino como el nuevo eje del poder Perseus.Al entrar, el aroma a tabaco turco y coñac caro la envolvió. En la mesa del fondo, bajo una lámpara de cristal que proyectaba sombras alargadas, se encontraba Don Lorenzo Valli.Era un hombre que había sobrevivido a tres generaciones de guerras mafiosas no por su fuerza, sino por su capacidad para oler hacia dónde soplaba el viento.—La señora Sartori —dijo Valli, levantándose con una elegancia mecánica—. O debería decir, la voz del luto
Leer más