El estruendo de la puerta de hierro arrancada de sus bisagras fue el último aviso que recibió el Juez Valerius.Zander no entró como un hombre, sino como una fuerza de la naturaleza desatada, un depredador que había cruzado continentes para reclamar su territorio.Enzo Valli, movido por un instinto de supervivencia suicida, logró levantar su arma, pero Zander fue más rápido.Sin detener su avance, disparó una sola vez; la bala atravesó el hombro de Enzo, derribándolo y dejando que su arma patinara inútilmente por el suelo de hormigón.Kethan apareció por el flanco derecho como una sombra letal.Sus disparos fueron metódicos, silenciando a los otros dos guardias antes de que pudieran procesar la brecha en su seguridad.El sótano, antes un mausoleo de humedad y silencio, se llenó con el olor acre de la pólvora y el eco de los lamentos.Zander ignoró a Enzo, que se retorcía en el suelo, y caminó directamente hacia Valerius.El Juez estaba paralizado, su espalda contra la pared fría, obse
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