El amanecer sobre Ciudad A no trajo claridad, sino una neblina espesa que se arrastraba por las avenidas como un sudario gris.
En la mansión Perseus, la actividad había comenzado mucho antes de que el primer rayo de sol lograra perforar las nubes.
Selene se encontraba en el ala este, en un salón que Zander rara vez utilizaba, rodeada de pantallas táctiles y mapas holográficos que proyectaban las rutas comerciales y las lealtades políticas de la ciudad.
Ya no vestía el luto tradicional.
Llevaba