El club L'Eclisse no era un lugar para la gente común. Escondido tras la fachada de una antigua imprenta en el distrito histórico, su interior era un santuario de mármol veteado, terciopelo púrpura y un silencio que solo el dinero extremo podía comprar.
Selene bajó del vehículo blindado sintiendo el frío de la noche lamiendo sus tobillos, pero su postura permaneció impasible. Sabía que cada par de ojos ocultos tras las rejillas de ventilación y las cámaras de seguridad estaba evaluando su valor