CRHIS..El eco de nuestros jadeos se va apagando, dejando tras de sí un silencio denso, cargado del olor a sudor, piel y ese rastro almizclado y metálico que solo deja el sexo desenfrenado. Mi oficina, el templo de mi control, huele ahora a la rendición de ambos.La ayudo a bajar del escritorio con una lentitud que roza la ternura, aunque mis manos aún tiemblan por la adrenalina. No puedo dejar de mirarla. Aura tiene el cabello revuelto, los labios hinchados y esa mirada líquida que solo aparece cuando has tocado el fondo del abismo con alguien.Siento una punzada de algo que me asusta: necesidad. Esto se está volviendo una adicción. Su piel, su resistencia, la forma en que su cuerpo parece conocer mis secretos antes que mi mente... es una droga que no puedo dejar de consumir, incluso sabiendo que podría estar envenenada.Caminamos hacia el sofá de cuero blanco, exhaustos. Me siento y, sin pensarlo, reclino mi cabeza sobre su regazo. Aura se acomoda, suspirando, y sus dedos comienzan
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