AURA.
El rugido del puente ferroviario se funde con el clamor de cientos de gargantas sedientas de violencia. El aire está tan cargado de humo y adrenalina que se siente denso, casi sólido. En el centro del círculo de tierra, Christopher —el Monarca de la Sangre— se mueve como una sombra letal. Su oponente es un gigante de Europa del Este, un bloque de puro músculo apodado "El Carnicero", que lo supera en peso y envergadura, pero no en rabia.
—¡Cien a uno a que el Monarca lo tumba en el tercer