AURA.El silencio que sigue a mi pregunta es un abismo helado. El aire se vuelve denso, casi irrespirable, y por un instante, me arrepiento de haber sido tan imprudente. La sombra de furia que vi antes en Christopher se transforma en algo más gélido, más sólido.Observo cómo cada músculo de su rostro se tensa, cómo su mandíbula se bloquea y cómo sus ojos grises, oscurecidos por la luz tenue del salón, se vuelven duros como el basalto. Es como si todo en él, desde la punta de sus zapatos hasta el brillo de su cabello, se hubiera petrificado. El hombre carismático y pulido desaparece, dejando solo una figura imponente e implacable.Me doy cuenta de que he tocado el nervio más sensible, el centro exacto de su control.—¿Crees que soy un asesino, Aura? —Su voz es apenas un murmullo, pero está cargada de una amenaza silenciosa, de una gravedad que supera cualquier grito. No es una pregunta; es una acusación que exige mi total sumisión.Mi mente, sin embargo, se niega a doblegarse. He llega
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