CRHIS..
Mis ojos se clavan en los suyos, la máscara de frialdad se desmorona y solo queda la necesidad cruda.
—El precio puede ser demasiado caro, Aura —respondo, mi voz es un gruñido bajo y ronco. —Podrías perder tu carrera, tu reputación... todo. No sabes con quién estás jugando.
Ella sonríe, pero no con inocencia; es una sonrisa de depredadora. Su mano se mueve de mi pecho a mi cuello, sus dedos se enroscan en la nuca, atrayéndome con una fuerza insidiosa.
—Me arriesgo —su voz es un hilo tenso, y el desafío en ella es más excitante que cualquier sumisión—. Siempre me arriesgo.
Esa es la señal.
No la dejo terminar la frase. Mi boca desciende sobre la suya con una urgencia brutal que no admite preguntas ni negociación. El beso es una declaración de guerra, una explosión de la tensión que hemos estado construyendo desde que ella entró en este apartamento.
Sus labios responden con la misma ferocidad, abriéndose bajo la presión de los míos. El sabor a café y menta se mezcla con la rabia