CRHIS.
—¡Me decía que era nuestro secreto! —grita contra mi camisa, empapándola con sus lágrimas—. ¡Decía que si te contaba, tú tendrías que matarlo y terminarías en la cárcel, y yo me quedaría sola con él para siempre! Decía que yo era su "niña especial" y que tú estabas demasiado ocupado para quererme como él lo hacía.
—¡Hijo de puta! —el insulto escapa de mis labios como bilis—. ¡Maldito sea!
La abrazo con una fuerza que roza lo doloroso, tratando de absorber su sufrimiento. Mi mandíbula est