Tres días habían pasado desde que Mahina había sido encerrada.Tres días de silencio absoluto, de aislamiento brutal, de hambre y sed que mordían sus entrañas y de la fría soledad que envolvía cada pared de la pequeña celda.La Luna estaba incomunicada, sin agua, sin comida, sin contacto con el mundo exterior, y el Alfa Dyrhan esperaba noticias con una mezcla de impaciencia y satisfacción contenida. Cada tic del reloj era una promesa: por fin, pensaba él, Mahina caería.“Además —murmuró para sí mismo, sus ojos brillando con orgullo y seguridad—, ella perdió su poder hibrimorfo cuando me eligió, como esposo. Entonces, ¿qué puede esperar? Ni loba, ni animal… ella ya no tiene fuerza. Nada de lo que queda en ella puede resistirse. Se rendirá ante mí, inevitablemente.”Dyrhan sonrió, un gesto cargado de arrogancia y superioridad, convencido de que su plan había sido perfecto, que Mahina, tarde o temprano, sucumbiría.Podía sentirlo: su victoria estaba cerca. Cada segundo que pasaba sin noti
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