La curandera llegó escoltada por dos guardias armados. El sonido de sus pasos resonó en el gran salón, marcando un ritmo solemne que hizo que todos los presentes contuvieran la respiración. Su espalda estaba recta, su mentón alto. Sabía que lo que estaba a punto de pronunciar no solo cambiaría destinos, sino que destruiría mentiras cuidadosamente construidas.Al cruzar el umbral, se detuvo frente al trono y realizó una reverencia profunda ante Mahina.—Su majestad —saludó con una voz clara, firme, sin rastro de temor.Mahina no dijo nada. Solo levantó una mano, elegante, autoritaria, indicándole que hablara. El silencio se volvió espeso, casi opresivo.La curandera avanzó unos pasos más. Su mirada recorrió el salón hasta detenerse en Rhissa.Fue entonces cuando todo cambió.Rhissa comenzó a temblar. No era un temblor leve, sino uno descontrolado, violento, como si su cuerpo supiera lo que su mente aún se negaba a aceptar.Sus labios se separaron, buscando aire, y su respiración se volv
Leer más