Dyamon comenzó a reír. No era una risa común, sino profunda, cargada de satisfacción y un dejo de peligro, como si ya vislumbrara el caos que estaban a punto de desatar.
Sus labios se curvaron en una sonrisa que era, a la vez, provocadora y amenazante, capaz de encender la curiosidad y el miedo a partes iguales. Mahina lo miró, con los hombros tensos, conteniendo la ansiedad que la devoraba desde que había aceptado su alianza con él.
Cada músculo de su cuerpo parecía al borde de romperse, de ced