Rhissa corrió por los pasillos del palacio sin detenerse, con el corazón, golpeándole el pecho como si quisiera escapar de su cuerpo. Sus pasos resonaban contra el mármol pulido mientras las antorchas iluminaban su silueta apresurada. No podía llegar tarde. No ahora. No cuando el destino del reino —y el suyo propio— estaba decidiéndose en ese mismo instante.
El murmullo de voces elevadas la guio hasta la sala del trono. Se detuvo apenas un segundo antes de cruzar las puertas, inhaló profundament