—¿Acaso no entiendes la situación en la que estás, Dyrhan? —la voz de Mahina se elevó en el gran salón con una firmeza que nadie le había escuchado antes—. Resulta que yo soy la nueva reina hibrimorfa, y tú… tú no eres más que un Alfa vasallo de esta manada. Una manada que, por derecho ancestral, me pertenece.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire como una sentencia.
El silencio cayó de golpe, pesado, sofocante. Las antorchas clavadas en los muros de piedra chisporrotearon con violencia,