Me giré hacia la puerta, listo para dar la orden de salida inmediata, pero la mano de Santiago me detuvo por segunda vez esa noche.—Espera, Damián. Tengo una idea.Me detuve en seco, mis músculos tensos bajo el traje, y lo miré con impaciencia. Cada segundo que pasábamos ahí era un segundo regalado a la muerte.—No nos dará tiempo de sacarla del hospital a la fuerza bruta —dijo Santiago, hablando rápido, su cerebro calculando probabilidades—. Y para cuando lo hagamos, ya nos habrán interceptado. Si lo que esa mujer dijo es cierto, lo más seguro es que el equipo de limpieza siga en el estacionamiento, vigilando las salidas principales.Se pasó la mano por el cabello, mirando hacia la ventana con los estores cerrados.—No se atreverían a entrar en un lugar donde también están nuestros hombres, no sin una confirmación visual o una orden directa que los haga actuar. Están esperando a que la "enfermera" salga o de la señal. Si salimos corriendo con Adeline ahora, somos tiro al blanco.Lo
Leer más