Me duché en tiempo récord, con movimientos mecánicos. Salí del baño con una toalla a la cintura y fui directo a la maleta que Simón había dejado. Me vestí con el traje negro de repuesto, ajustando la funda de sobaquera.
Tomé mi Glock 19, verifiqué la recámara y deslicé el cargador con un clic seco y definitivo. Hice lo mismo con la navaja táctica que guardé en mi bota.
Al salir a la sala, Simón ya me esperaba junto a la puerta destrozada.
—Es hora de irnos —dije, pasando por su lado sin detener