El mundo exterior había dejado de existir, reducido a una masa negra y líquida que se estrellaba contra nosotros. La lluvia había comenzado a caer con una furia que apenas dejamos la autopista principal para adentrarnos en las carreteras secundarias. Gotas gruesas y pesadas golpeaban el blindaje de la camioneta como balas de hielo, creando un ruido de fondo constante, un tamborileo sordo que envolvía la cabina en una burbuja de aislamiento acústico. Afuera, la oscuridad era total. No había luce