Capítulo 84

El Mercedes blindado se deslizó por la rampa del estacionamiento subterráneo de mi edificio con el suave ronroneo de una bestia dormida. Estaba agotado. Mis huesos pedían una ducha caliente y mis ojos ardían por la falta de sueño, pero mis instintos seguían afilados como cuchillas de afeitar.

Fue entonces cuando lo vi. En una esquina oscura del nivel -2, lejos de las cámaras principales, estaba estacionado el mismo sedán negro de vidrios polarizados que había visto rondando el hospital las últi
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