De repente, el beso cambió. Dejó de ser un roce exploratorio para volverse denso, rápido y cargado de una ansiedad que me quemaba. Por alguna razón que no lograba comprender, mi cuerpo anhelaba ese contacto con una intensidad aterradora; nuestras bocas encajaban con una perfección que parecía grabada en mis células. Su lengua sabía a una dulzura prohibida que me embriagaba.Segundo a segundo, el mundo exterior desapareció. Olvidé por completo quién era yo, olvidé las dudas sobre Jasper y lo poco que sabía de mi pasado. Él se convirtió en mi único detonante, en el centro de un universo que se reducía a la presión de sus labios contra los míos. No quería pensar, solo quería sentir.Pero, tan rápido como empezó, el calor se desvaneció.Damián se detuvo y se separó de golpe, rompiendo la conexión con una brusquedad que me dejó sin aliento. Me quedé allí, jadeando, con el pulso errático y los labios ardiendo. Me toqué la boca con la mano, con los dedos temblorosos, y lo miré estupefacta, b
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