Con las manos temblando, abrí el libro verde en la página que me había estado persiguiendo en sueños: mi nombre encerrado en aquel círculo rojo. Pero esta vez me fijé en lo que había antes. Había una lista larga de nombres, personas que no conocía, y todos estaban tachados con una "X" azul, fría y definitiva. Un escalofrío me recorrió la espina dorsal al entender que yo no era la primera.Leí cada nombre con una punzada en el estómago, hasta que llegué al que estaba justo encima del mío: Aurora.En ese instante, un pitido agudo y un dolor punzante se apoderaron de mi mente. Cerré los ojos con fuerza, soltando un gemido ahogado. Con el dolor vino una imagen: una mujer riendo, abrazándome, compartiendo momentos de una calidez que ya no existía. Mi pecho dolió con una intensidad física, una nostalgia que no sabía que poseía.Abrí los ojos, jadeando, y seguí pasando las hojas. El horror solo aumentó. Había fotos de un búnker, planos que mostraban su construcción año tras año, medidas exac
Leer más