Giré la cabeza lentamente hacia el origen de aquella voz, tratando de ponerle un rostro al sonido. Me resultaba familiar, aterradoramente familiar, pero el sentimiento que me recorrió no fue de alegría. Fue más de inquietud, una alerta roja que se encendió en mi nuca. Por alguna razón que mi mente no lograba procesar, esa voz no me transmitía ni una pizca de confianza; al contrario, sentía que cada sílaba era una amenaza disfrazada de cortesía.
Alcé la mirada y vi a un hombre joven acercándose