—¿Perdón? —balbuceé, sintiendo que el aire se espesaba.
—¡Sí! Son una pareja joven —insistió Augusto con una naturalidad pasmosa—. Un hombre como Damián debe pensar en el futuro. Ahora que lidera su propio grupo, es fundamental que busque un heredero.
Tragué grueso, sintiendo un nudo de nervios en la garganta. Miré de reojo a Damián y noté que sus mejillas empezaban a teñirse de un rojo inusual. Estaba visiblemente incómodo, algo que rara vez presenciaba.
—Abuelo, deja de hablar de esos temas —