«¿Carson?». La palabra resonó en mi cabeza como una campana vieja. Entonces... esa soy yo. Tengo que serlo. Nadie usaría ese apellido con un tono tan cargado de sarcasmo y peso histórico si no fuera mi verdadera identidad.
Damián no me dio tiempo a procesarlo. Tomó mi mano y, con un tirón firme pero cuidadoso, me guio hacia el centro de la sala, justo donde la presencia de esos hombres parecía absorber todo el oxígeno.
—Adeline, él es mi abuelo, Augusto Rocha —presentó Damián con una voz carent