—Veo que están muy bien establecidos aquí. No me habías dicho nada, amigo mío.
Jasper lanzó una mirada cargada de intención a Damián, quien seguía firme frente a mí, actuando como un muro infranqueable. Yo intentaba procesar cada palabra, cada matiz de esa conversación que parecía una partida de ajedrez donde yo era el premio.
—¿Dónde se hospedan? —continuó Jasper con una sonrisa ladeada—. ¿En la vieja mansión de los Rocha? ¿Esa que tu padre le regaló a tu madre antes de morir? Pero qué románti