—¿En serio quieres saber la verdad? —Damián dio un paso hacia mí, su sombra cubriéndome por completo—. Porque lo que yo veo es a una mujer con miedo de saber quién es realmente. Así que te lo preguntaré una última vez, Adeline: ¿quieres saber la verdad?
Tragué saliva, sintiendo un nudo de hierro en la garganta. En el fondo, sus palabras me dolieron porque tenían razón; una parte de mí estaba aterrada de que la realidad fuera peor. Pero la rabia, esa chispa de fuego que me mantenía en pie, creci